¡Oh, bendito San Lázaro!
Eres el patrón de los pobres y los enfermos,
y has demostrado cientos de veces el poder real
que Dios te ha dado para continuar tu trabajo
de proteger a los más necesitados.
Tú, que has sido criado por el mismo Jesucristo,
conoces de primera mano el poder curativo
de la palabra del Señor.
Hoy rezo por ti, San Lázaro, para que,
con tu protección divina,
puedas cuidar de todas las personas que necesitan
tu ayuda en estos tiempos difíciles.
Tú eres el protector de los que sufren;
tú en tu carne has encontrado el dolor de la enfermedad,
y tu cuerpo ha sido golpeado por ella momentáneamente.
Sin embargo, Dios te permitió salir
de tu tumba y curar tu cuerpo.
Tú haces milagros con los enfermos.
Les permites curar heridas,
sanar enfermedades,
siempre de la mano de Dios.
Te ruego que mantengas la enfermedad
lejos de mi cuerpo y mi familia
y de todos los que amo.
Permite que nuestra salud sea óptima
en estos tiempos difíciles,
nos protege de las adversidades
y de las entidades malignas
que quieren expresarse en forma
de heridas o enfermedades.
Conocemos tu poder y por eso
hoy venimos a suplicarte que toques
nuestros cuerpos con tu mano sanadora
y lo liberes de todas las dolencias
y enfermedades que él se oculta,
para así adorarte junto a nuestro
Padre en nuestro bienestar.
El Divino Maestro te ha dado el poder de curar,
y te ruego, San Lázaro, que lo uses para los que
más lo necesitan en estos momentos que atravesamos.
Amén.