¡Oh San Antonio!

Perfecto imitador de Jesús,

que recibió de Dios el poder especial de restaurar las cosas perdidas,

concédeme encontrar

(mencione su petición)

lo que se ha perdido.

Por lo menos, devuélveme la paz y la tranquilidad mental,

cuya pérdida me ha afligido aún más que mi pérdida material.



Con este favor pido otro favor mas de ti:

que yo permanezca siempre en posesión del verdadero bien que es Dios.

Prefiero perderlo todo que perder a Dios,

mi buen supremo.

Que nunca sufra la pérdida de mi mayor tesoro,

la vida eterna con Dios. 



Amén.