Santísima Virgen de la Caridad, 

Madre mía y Señora Soberana, 

con cuánta alegría acudo a postrarme a tus pies.

Virgen de los Milagros como te llamaban nuestros mayores, 

cura a los enfermos, consuela a los afligidos, 

da ánimo a los desesperados, 

preserva de toda desgracia a las familias, 

protege a la juventud y ampara a la niñez.


Nadie puede publicar las maravillas que obras cada día 

en favor de las almas que te invocan, justificando así 

la confianza y el amor que te profesan todos tus hijos.

Desde tu Santuario del Cobre, Venerable Virgen de la Caridad, 

sé siempre el manantial de todas las gracias.



Amén.